Las Mesas Permanentes de ATD de Educación Primaria e Inicial, Secundaria, Técnico y Profesional y Formación en Educación se expresaron a través de un comunicado conjunto el 22 de junio de 2026. Compartimos el texto a continuación:
En las últimas semanas, varias notas publicadas en el diario El País, pusieron el foco en las Asambleas Técnico Docentes. Una, bajo la forma de crónica caricaturesca, describió lo que sucedió en la asamblea de un liceo de Montevideo. Otra, esta vez en carácter editorial, utilizó esa crónica como prueba de cargo contra el sistema educativo y quienes trabajamos en él. Pero los ataques no han cejado.
Nos parece de suma importancia que los medios de prensa atiendan la problemática de lo que constituye y forma el futuro del país y que, para quienes trabajamos en el sistema educativo, es el espacio donde depositamos nuestro saber y corazón.
Las Asambleas Técnico Docentes son instancias técnicas deliberativas y propositivas, contempladas en la Ley de Educación desde 1985 y en funcionamiento efectivo desde 1991. A ellas somos convocados todos los docentes que trabajamos en cada uno de los subsistemas. La Ley General de Educación 18437 así lo postula y las modificaciones realizadas por la LUC no se animaron a eliminarlas. Las ATD son órganos asesores y consultivos cuya función es aportar a la ANEP, el conocimiento técnico-pedagógico construido desde la práctica cotidiana de quienes desarrollan su tarea en las aulas.
Están integradas por las asambleas de centro —como la que visitó el periodista— y por las asambleas nacionales, conformadas por delegadas y delegados electos mediante elecciones organizadas por la Corte Electoral.
Constituyen una institución singular del sistema educativo uruguayo y expresan uno de los principios rectores de la educación nacional: la autonomía. Por ello no responde a ningún lineamiento político partidario y se muestra independiente de los gobiernos de turno. Muchos de sus planteos y posturas, recogen lo mejor de la pedagogía autóctona, que a lo largo de la historia ha tenido brillantes docentes, cuyos aportes han sido tomados como referencia en Uruguay y en el mundo.
Las ATD no gobiernan el sistema educativo, lo asesoran: esa es su naturaleza y también su límite. Que sus recomendaciones sean pocas veces atendidas por las autoridades es, de hecho, una de las tensiones más persistentes de su historia.
La defensa y construcción de la educación del pueblo ha sido y es su objetivo primordial, y la ha defendido de los sucesivos ataques, originados en los organismos internacionales de crédito, que viene afrontando desde la década de los noventa. Intentar desacreditar a las ATD es abrir las puertas a este modelo, ya que la historia ha demostrado que sin la anuencia docente no hay reforma educativa que se imponga.
Agradecemos la preocupación todos los medios de prensa sobre el futuro del sistema educativo, así como también la constatación de que las preocupaciones que los docentes manifestamos son fundadas y la propia crónica así lo demuestra: el frío en los salones, la calefacción central que dejó de funcionar hace años, los grupos que empiezan con quince estudiantes y llegan a treinta y siete en mayo, las paredes grafiteadas, el salón de audiovisuales con reja para que no roben la televisión. Esas no son anécdotas: son las condiciones materiales en las que se enseña y se aprende todos los días a lo largo y ancho del Uruguay.
Los docentes también expresaron algo que merece atención en lugar de ironía: el rechazo a la virtualidad acrítica como forma de “habilitar el acceso” a la educación. En un contexto donde la inteligencia artificial generativa está redefiniendo lo que significa aprender y lo que significa hacer trampa, los profesores señalamos que la presencialidad no es un capricho conservador sino una condición pedagógica y humana. Que el vínculo, el intercambio cara a cara, la posibilidad de levantar la mano en un aula real, tiene un valor que ninguna plataforma reemplaza.
En esa misma línea se inscribe el debate sobre las pruebas de Acreditación de Bachillerato mediante un examen único, rápido, descontextualizado de la trayectoria del estudiante, resuelve una estadística, pero no necesariamente genera aprendizajes, al contrario. La defensa de la mejor educación para el pueblo es exactamente el tipo de discusión técnico-pedagógica para la que las ATD existen, y que merece ser leída en sus propios términos, no a través de fragmentos de conversación descontextualizada.
La editorial que siguió a la crónica fue más lejos: diagnosticó desidia, mediocridad, falta de empeño. Atribuye a los docentes la responsabilidad de la caída del nivel educativo, con la ligereza de quien nunca ha tenido que dar clase en un salón sin calefacción, con cuarenta estudiantes, mientras gestiona los efectos de la violencia, la salud mental y la precariedad socioeconómica que los estudiantes traen consigo cada mañana.
Se intenta atribuir a quienes hemos defendido el conocimiento históricamente acumulado, frente a los ataques del “aprender a aprender” o del modelo gerencial competencial que algunos preeminentes actores vienen impulsado desde hace décadas. Para nosotros, democratizar el conocimiento no es un discurso. Es nuestro objetivo cotidiano.
No negamos que en algunas situaciones puede haber problemas en el funcionamiento de las ATD. Las propias asambleas los discuten, con más rigor del que se les reconoce. Pero reducir la complejidad de un órgano asesor y consultivo, sostenido por participación real y construcción democrática, a la imagen de un profesor tomando mate mientras espera la constancia de asistencia y a sus defensores como “histéricos”, no contribuye a mejorar la educación pública. Lejos de aportar elementos para un debate serio, direcciona la opinión pública hacia un juicio de valor incorrecto y erosiona la confianza en una de sus instituciones más genuinas.
Seguimos defendiendo la necesidad de construir la educación entre todos los uruguayos, deslindándola de los vaivenes político-electorales, de los centros de poder y de sus “think tanks”. Por eso invitamos a participar del 4.º Congreso Nacional de Educación “Misiones Sociopedagógicas”. Ahí está la conversación que Uruguay necesita: la de los docentes que llevan años pensando estos problemas, la de los estudiantes que los viven, la de las comunidades que los vivencian cada día, la del pueblo en su conjunto.
Porque la educación pública es un patrimonio de todos, y entre todos debemos cuidarla, para permitir que la construcción de una sociedad más igualitaria, más justa, más solidaria pueda realizarse, sin que nadie quede excluido de ella, por ninguna razón que fuere. Este debate no cabe en una crónica de color ni en un editorial de trinchera. Cabe en los espacios democráticos que como sociedad nos dimos, y que vale la pena cuidar.
Es por todo esto que agradecemos a la prensa el interés y la difusión de la problemática educativa. La inmensa mayoría de ella lo hace teniendo en cuenta el Código Ético que los periodistas nucleados en APU se han dado. La historia cuenta cómo algunos medios han impulsado y defendido dictaduras. Casualmente son los mismos los que atacan cada construcción democrática y colectiva. En esta ocasión focalizaron en nuestro trabajo. Como dice El Quijote: “Ladran Sancho...”
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